3 meses de lactancia materna

 

Tras un embarazo estupendo y un parto que no fue malo, quién me iba a decir a mí que el asunto se torcería con la lactancia… Nada más nacer, mi preciosa niña de 4 kilazos ya estaba enganchada a la teta, no sin que a mí se me escapara algún ¡ay! al sentir unas molestias que, supuse, serían normales al principio.

Sin embargo, de vuelta a casa, ya llevaba en cada pezón una grieta que me hacía estremecerme durante las tomas.

Observando, me di cuenta de que mi bebé no se enganchaba correctamente, metía el labio superior hacia dentro (se le quedaba incluso pegado a la encía cuando terminaba de mamar y se le soltaba con un ¡pop! que hasta me hacía gracia) e hice todo lo posible por corregir esto. Poco a poco parece que fue dejando de hacerlo, pero las heridas, lejos de mejorar, se hacían más grandes y con ello crecía el dolor, el pánico a la toma, el miedo a que no curasen nunca y la frustración por no saber qué hacer.

Las tomas eran horribles, yo lloraba como una niña desconsolada, las gafas se me llenaban de lágrimas, de la nariz me colgaba una moquilla acuosa y, a veces, se me escapaba un grito que asustaba al bebé y al final… todos llorando. Tenía la sensación de vivir una pesadilla.

A mi alrededor todos parecían tenerlo claro, no había problema, el sufrimiento terminaría sencillamente con abandonar la lactancia.

Incluso mi marido, que estaba concienciado y no dudaba de que era lo mejor, se derrumbaba al verme sufrir y no saber cómo ayudarme. La mitad de las veces acabábamos discutiendo y empeorando aún más la situación.

Por fin contacté con la Dra. Carmen Vega que, tras observar las tomas y explorar a mi pequeña, le diagnosticó un frenillo tipo 4 que impedía el correcto movimiento de su lengua y, por tanto, mamar adecuadamente. Bueno, ya sabíamos el problema… pero yo quería una solución. Necesitaba una solución! Las posibilidades eran la intervención quirúrgica o intentar buscar posturas en que la niña tuviera la boca lo más abierta posible y le resultase más fácil extraer la leche junto con la compresión mamaria.

Tengo que decir que, en mi caso, durante esta mala racha que duró algo más del primer mes, mi bebé mostró signos de estar alimentándose bien en todo momento, poniendo peso, durmiendo bien, etc. Por lo que la consecuencia de la anquiloglosia estaba únicamente en mi pecho. Eso me hizo decidirme por aparcar la idea de la intervención quirúrgica (no sin ir a que la viera un maxilofacial, a la desesperada, el cual me recomendó esto mismo -esperar- ).

Durante aproximadamente diez días estuve usando pezoneras (me compré varias y me dejaron otras tantas, hasta que estuve cómoda con ellas). Al principio me resistí a usarlas, pues leía que no eran recomendables… supongo que porque se utilizan muchas veces sin que de verdad sean necesarias. En mi caso creo que fueron fundamentales para seguir adelante, ayudaron a que curasen las grietas, que eran bastante grandes, y me dieron tregua para ir probando posturas con la niña. Eso sí, tenía claro que había que retirarlas, pues con ellas las tomas eran más largas y además no dejaban de ser un engorro…

Por fin empecé a ver que un pezón estaba mejor y pasados unos días el otro también. Veía la luz al final del túnel! La película de terror iba a convertirse en un cuento con final feliz. Fui perdiendo el miedo a las tomas, superando barreras (como amamantar en la calle, que antes me parecía imposible) y disfrutando cada vez más. Entretanto también pasé una mastitis…

Hoy mi pequeña ya tiene tres meses y medio y puedo decir orgullosa que no sabe lo que es un biberón. Sigue con su frenillo, quizás por eso, a veces me molesta (levemente) en algunas tomas y se me irritan un poco los pezones. A pesar de eso, las dos estamos disfrutando plenamente de la lactancia y ya estamos enfrascadas en la “operación sacaleches” preparando la vuelta al trabajo.

Me siento profundamente agradecida a la Dra. Carmen Vega y a las madres que se reúnen en el grupo de lactancia de Castilleja de la Cuesta por haberme apoyadoaconsejado desde la experiencia en aquel momento de desesperación. Y también, sin duda, a mi marido, que igual que yo, lo pasó mal y se sentía perdido pero que en todo momento me apoyó cuando todos pensaban que estaba loca…

Antes de terminar, me gustaría dejar constancia de que además de madre primeriza, soy médico de familia. Sí, de esos a los que se les pregunta todo y todo deben de saberlo… Pues bien, eso no me ha librado de pasar este bache inicial con la lactancia, a pesar, podéis creerme, de haber puesto especial empeño en estar formada al respecto.

Aprovecho también para señalar que todos los profesionales como yo debemos mejorar este punto de nuestra atención y darle la importancia que se merece, pues incluso nosotros abocamos muchas veces a las madres a la salida fácil de la lactancia artificial.

Nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco yo fui consciente de que pudiera ser tan duro…

Lo que está claro es que no es imposible y, por supuesto, que la lactancia materna siempre ha sido y será LO MEJOR. A todas las futuras mamás y a las que estéis pasando por algo similar: Ánimo, paciencia, se puede.

 

3 meses y medio de lactancia

3 meses y medio de lactancia

Dra. Carmen Vega Licenciada en Medicina. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Experiencia con madres lactantes desde año 2007. Madre de tres hijos que han sido lactantes. Consultora Internacional de lactancia materna (IBCLC) desde 2015. Fundadora grupo de apoyo a la lactancia materna en Castilleja de la Cuesta. Docente en cursos sobre lactancia materna para profesionales de la salud.

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