mariloretocado

 

Cuando me quedé embarazada, tenía claro que la lactancia materna era mi primera opción, pero siempre la miraba de reojo con cierto recelo. No en vano, mi madre me crió con LA y a mi hermana no llegó a los tres meses….

Cuando me preguntaban que si daría el pecho a mi bebé, siempre respondía “Bueno, ” me gustaría “. Pensaba que dar el pecho era algo duro, difícil y que sólo las afortunadas lograban. Así pues, leí hasta la saciedad y un mes antes de dar a luz, acudí a una reunión de la Liga de la Leche, pero no  acabè de encontrar lo que buscaba, echè en falta ” calor”, lo vi todo algo impersonal y frío (por respeto prefiero no decir dónde fue).

Pasó el tiempo y nació mi niño. Un niño precioso -qué va a decir su madre- con 52 cms y 3060 grs. Como pro lactante absoluta, me aferré a mi amado Carlos Gonzalez. Me negué en rotundo al chupete, al biberón, a la “ayudita” (¿acaso ayuda?), tenía a mi bebé enganchado a la teta lo mejor que sabía y podía, porque si hubiera dependido de la atención de la enfermera “experta” en lactancia que me visitó….

Ya una vez en casa la lactancia entró en una espiral de factores desafortunados que hicieron que mi bebé perdiera nada más y nada menos que 600 gramos en ocho días, lo cual obligó a su ingreso inmediato. El niño se recuperó perfectamente en una semana en la que era alimentado con mi leche extraída y algo de fórmula. Al recibir el alta, felices ya de estar en casa, me entró el pánico escénico. Me sentía responsable del bienestar de mi hijo y pensaba que había estado a punto de tirarlo al precipicio por mi empeño obcecado.

Quizás yo no podía dar el pecho. A lo mejor, no era algo que  funcionara conmigo. Posiblemente la LA era la opción para mi niño.

Mi intuición , mi obstinación y mi fuerza de voluntad fueron imponiéndose a medida que pasaron los días y me planteé que la situación tenía que cambiar.

Que nada como la teta. Deseaba tener a mi niño íntimamente ligado a mi. Sentirlo unido y darle el oro que mi cuerpo podía regalarle.

Pero tenía un enemigo supremo: la confianza. La seguridad en mi misma me traicionaba y me atacaba poniendo en peligro la legitimidad de la LM.

Un martes terminé de comer. Cogí al niño , lo planté en el carro y fui a toda carrera al ambulatorio. Me había llegado la noticia de que un nuevo grupo de apoyo a la lactancia acababa de formarse justo donde vivía, y ni me lo pensé. Estaba al límite. Tuve claro que tras mucho leer, e informarme, deseaba relactar a mi niño, sabía cómo hacerlo, pero necesitaba que me dieran el empujón. Y así fue.lleguè tarde. No olvidaré jamás que al llegar sólo había dos chicas embarazadas y al rato llegó ELLA. Carmen. En seguida le expliqué toda mi historia y sentí mucha seguridad en su mirada y sus palabras. Supe que había dado con la persona que necesitaba y me dio las pautas a seguir en la dura tarea de relactacion. Se ofreció a darme su teléfono y poder llevar un seguimiento más personalizado de la marcha de mi LM.

En los días que siguieron, lo pasé mal. El niño lloraba al poco de comer (“Seguro que lo estoy haciendo mal”). Tiré la toalla y me sentí doblemente mal, porque era como tirar por tierra la dedicación desinteresada de Carmen. Se lo comuniquè y fue muy respetuosa con mi decisión,

Aunque “sé que puedes Mariló.“. Esas palabras me recargaron el último cartucho de energía y definitivamente cogí el toro por los cuernos.

Curiosamente, una vez me dije a mi misma ” PUEDO ” , pude, y hasta ahora.Acudir a las siguientes reuniones del grupo fueron importantísimas, ya que necesitaban tener plena confianza en lo que hacia , compartía mis dudas, me aclaraban y salía nuevamente empoderada. Hoy mi bebé tiene once meses y medio, y la LM ha sido su opción de crianza plenamente establecida. Pasamos el umbral de la LME y vamos afrontando la aventura de la AC con el máximo protagonismo del pecho,como no podía ser de otra manera.

Puedo decir a grandes luces que conocer a Carmen y por ende su grupo de lactancia, ha sido de las cosas más bonitas que me han pasado. Supo darme ese achuchón, ese chute de autoestima, seguridad y confianza que necesitaba. No sé como pintaría ahora esta historia sin ella. Cuando echo la vista atrás a esa etapa, siento nostalgia y a la vez ternura, de mi debilidad y tambien de mi legítimo deseo de dar el pecho a mi niño. Me asombró encontrar tanta dedicación, altruismo y generosidad en una desconocida hacia mi. Carmen además reúne la gran virtud de poseer una fantástica especializacion tanto en el ámbito médico como en lactancia (en absoluto nada usual). Tienes la tranquilidad de sentirte magníficamente asesorada, informada y guiada, fundamental para que la LM funcione adecuadamente.

Carmen, muchísimas gracias por tu ayuda en momentos tan difíciles y hacer posible de mi sueño por la LM una realidad.

Dra. Carmen Vega Licenciada en Medicina. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Experiencia con madres lactantes desde año 2007. Madre de tres hijos que han sido lactantes. Consultora Internacional de lactancia materna (IBCLC) desde 2015. Fundadora grupo de apoyo a la lactancia materna en Castilleja de la Cuesta. Docente en cursos sobre lactancia materna para profesionales de la salud.

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