A todas las madres lactantes. Me llamo María José y tengo un bebé de seis meses, alimentado hasta la fecha exclusivamente con leche materna.
Quiero compartir mi experiencia con todas las futuras madres que tengan idea de dar el pecho a sus hijos, porque desafortunadamente existen muchos mitos, y sobre todo muchas desinformaciones que pueden provocar la frustración y el desestimiento de la lactancia por parte de la madre.
La lactancia no tiene por qué ser difícil, ni tampoco tiene por qué haber tantas complicaciones como yo tuve. Cada madre puede tener distintas experiencias, positivas y negativas. No trato de desanimar. Lo que trato de transmitir es que hay que ser consciente de lo que conlleva. Y sobre todo, que pueden aparecer complicaciones que es mejor conocer para estar preparada. Pero que a pesar de ellas, si realmente se quiere, se puede.

 

Cuando di a luz lo primero que percibí en el hospital fue la falta de formación del personal sanitario a la hora de aconsejarte sobre cómo dar el pecho: El niño no se enganchaba bien y yo no sabía cómo, cuándo ni cuánto tenía que darle. Pedía ayuda una y otra vez al personal sanitario, que me respondían con la clásica respuesta de una toma cada tres horas de 10 minutos en cada pecho. Los consejos sobre la mejor posición para dar el pecho tampoco eran muy útiles.
Y cuando les decía que el niño no comía lo arreglaban con el biberón de leche de fórmula (“la ayudita” la llamaban).
Mientras tanto la subida de la leche estaba en pleno apogeo. Tenía un sacaleches que no me la extraía bien y, al no salir, me provocó grandes bultos que se apreciaban a simple vista y que me causaban fuertes dolores en el pecho.
Poco tiempo después supe lo importante que es tener un sacaleches adecuado con los embudos adecuados; si no es así puedes hacerte daño en los pezones.

 

Me dieron el alta, pero no así a mi pequeño, al que sometieron a varios análisis de sangre porque la deshidratación le provocó subida de bilirrubina. Estuvieron a punto de ingresarlo. Jamás olvidaré la “reprimenda” de la pediatra que, con cierta sutileza, me hacía responsable de no alimentar bien al bebé, y que nos dejó ir a casa arrancándonos la promesa de que le diéramos de comer (biberón, por supuesto) o tendrían que ingresarlo. No la conmovieron ni mis pechos a punto de estallar ni mis lágrimas pidiéndole ayuda. Creo que la pediatra no era madre. Si algún día lo llegara a ser le deseo que no pase por lo que yo pasé. Pero si le pasara, espero que se acuerde de mí y que me compadezca. Salí llorando del hospital. Ese momento del que tan bien hablan los padres primerizos, en el que se percatan de que habían entrado dos personas en el hospital y luego salían tres, fue sin embargo muy triste para mí.

Evité que mi hijo ingresara en contra de mi voluntad a base de biberones de leche materna, pero me provocó una gran frustración. En más de una ocasión estuve a punto de tirar la toalla, olvidarme de la lactancia y tomarme la pastilla para cortar la leche. No veía recompensa alguna, sino todo lo contrario: sólo veía desventajas tanto para mí como para mi bebé, que solo se alimentaba bien con el biberón.

Al tercer día del parto, después de que en las urgencias de otro hospital me indicaran que simplemente me pusiera paños calientes en el pecho, fui a la sala de lactancia del mismo hospital a pedir consejo y ayuda. La matrona que me vio se echó las manos a la cabeza al verme el pecho, e inmediatamente me pasó a la sala de extracción, donde me saqué dos tarros y medio de calostro. Me dio varios consejos de gran utilidad para dar el pecho al bebé y unos folletos con imágenes explicativas. Quizás fue aquí donde me animé y tomé la determinación de intentarlo de nuevo.

Cuando volvimos a casa le pedimos a familiares y amigos que, por favor, no vinieran a vernos. Nunca antes nadie nos había dicho que la lactancia se establece a la demanda del bebé, lo que significa que el niño come cuando quiere, y el tiempo que quiere. En un recién nacido esto puede suponer tomas de una hora o más, y con mucha frecuencia. Es decir, tener prácticamente todo el tiempo al bebé pegado al pecho. Día y noche. Y el tiempo que le dedicas a una visita es tiempo que le robas a tu bebé. Gracias a esto, en un par de días mi pequeño consiguió agarrarse al pecho y con ello iniciamos la lactancia.

A partir de ahí no puedo decir que todo fuera coser y cantar. Las succiones de mi hijo me provocaban fuertes dolores. A los pocos días aparecieron grietas en los pezones. Llamé a una matrona que vino a casa para corregirme las posturas. Y comencé entonces a asistir a grupos de lactancia: el Colectivo de la Leche en Mairena del Alcor y Los Remedios, y el grupo de lactancia de Castilleja de la Cuesta. Fue a este último al que más asistí por proximidad. Conocí en ellas a madres y a ponentes que contaban sus experiencias. Me ayudaron muchísimo. Carmen, Trini, como ponentes, me corregían la postura y la del bebé en cada charla, le revisaban la posible existencia de frenillo que dificultará la succión, etc. Me hicieron un seguimiento muy estrecho hasta que sólo gracias a ellas conseguí establecer la lactancia sin dolor.

Me harté de leer foros, blogs y artículos sobre lactancia y aprendí mucho. Y falta me hizo, porque las dificultades continuaron durante tres meses y medio, en forma de perlas de leche (muy dolorosas) y mastitis, únicamente diagnosticada y tratada después de varias visitas al hospital por mi asesora de lactancia, Carmen.

Después de tantas dificultades, cómo he logrado encarrilar la lactancia hasta hoy mismo, cómo perseverar? Por un lado, ya lo he comentado, el compartir experiencias en las reuniones de lactancia fue importante para sentirme comprendida. Conocer madres que tenían también problemas para establecer la lactancia era una gran ayuda. Por otro lado, la comprensión, el apoyo de mi marido fue también fundamental. 
Los novios, maridos, deben ser conscientes de que establecer una lactancia requiere mucha paciencia, y aunque ellos adoptan un papel secundario, no deja de ser necesario que arrimen el hombro en los momentos más difíciles, ayudando en casa (se requiere mucha ayuda, porque el bebé nos deja poco tiempo), apoyando a la madre y mostrándose comprensivos.
Pero creo que el motivo más importante por el que no tiré la toalla fue mi hijo. A día de hoy, miro hacia atrás y veo muy lejos las penurias, las dificultades y los dolores por los que pasé. Después de todo, tengo un hijo perfectamente sano. Muchas veces, cuando mama, entre succión y succión, se gira, me mira a los ojos y sonríe.
Parece que me estuviera dando las gracias por el esfuerzo que he hecho.
Es muy difícil de explicar, porque este sentimiento solamente una madre puede vivirlo, pero creo que bien merece la pena hacerle a tu hijo este regalo. Como dice el famoso pediatra, un regalo para toda la vida.
Dra. Carmen Vega Licenciada en Medicina. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Experiencia con madres lactantes desde año 2007. Madre de tres hijos que han sido lactantes. Consultora Internacional de lactancia materna (IBCLC) desde 2015. Fundadora grupo de apoyo a la lactancia materna en Castilleja de la Cuesta. Docente en cursos sobre lactancia materna para profesionales de la salud.

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